Seis (6) de la mañana, empieza el trajín diario; levantarse para caminar casi volando, (por lo profundo del adundamiento que invade la estructura física que me forma) hasta el cuarto de baño, en donde espera el trono magnifico que en horas como esa hace veces de un agradable y cómodo sillón para recostarse y terminar el sueño incompleto, interrumpido por los sutiles llamados, de alguien que se preocupa por que la faena empiece temprano y con buen pie, pero que a la vez deja al descubierto (al arrebatar la tala que protege a uno de el exterior seco, frio y estresante) todo un mundo de fantasía en el que se desenvolvía un magnifico sueño que jamás pasaría en la mera realidad.
El agua casi helada cae sobre la cabeza de una anatomía casi inmóvil, alebrecando emociones y sentimientos con su paso, e indicando que un nuevo día cargado de espuma y pasta dental empieza. El transporte público como es de esperarse esta congestionado por lo temprano de la mañana, todos necesitan llegar, y yo que no quería que empezara el trajín necesito tener el ánimo suficiente para subir a las sobras de hoja de latas montadas sobre cuatro esferas deformes que diariamente hacen el intento de transportar a quienes necesiten ganar lo que sea para gastar en lo que sea.
Estar por 5 horas en un centro de saberes, escuchando a quienes no le importa el estado emocional de los receptores y no hace mas que vaciar sus conocimientos en mí embace plástico, a veces inconforme porque recibe una cantidad de excremento que sobre pasa la capacidad de ese tipo de material que recibe mi cántaro.
Definitivamente el esfuerzo matutino al que me sujeto deberá por lógica ser pagado por la vida, ya que estoy sacrificando mis mañanas con miras a el futuro de mis bolcillos, mi esposa, mis hijos y quienes me de la gana. (no se apunten lambones)

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riegalo!!
eso e' k te kiere pedri pretao'
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